Sobre mi

Datos curriculares.


Dr. D. Javier Castillo Colomer.

Psicólogo especialista en psicología clínica y psicoterapia de la EFPA (Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos). Psicoanalista junguiano. Presidente de la SIDPaJ (Sociedad Internacional para el desarrollo del Psicoanálisis Junguiano). Miembro de la International Association for Psychoanalytic Self Psychology (IAPSP). Asesor de la junta de gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana en temas de psicoanálisis y psicología analítica. Profesor de Psicología clínica y terapias psicodinámicas del grado de psicología de la VIU (Valencian International Univertity) y director del Master de Psicología Sanitaria de la misma Universidad desde el año 2014 al 2016. Profesor externo de la Universidad CEU Cardenal Herrera. Profesor de la Cátedra de psicoanálisis del Ateneo de Madrid del año 2014 al 2016. Ha colaborado en cursos de post-grado y de doctorado de diversas Universidades Españolas (Madrid y Valencia), así como ponente en diferentes Universidades de Verano (Valencia, Más Palomas, Gandía…).  Autor de los libros: Psicología analítica e integración en Nau Llibres (2002), Los sueños en la vida, la enfermedad y la muerte en Biblioteca Nueva (2005), El valor del sufrimiento en Desclée de Brouwer (2007), Cómo Psicoanalizamos en Manuscritos (2008) De lo dionisiaco a lo Demoniaco en Manuscritos (2008), Razón y fuerza del mito en Fata Morgana (2009),Psicología Profunda en Manuscritos (2010) y Introducción a la Interpretación de los Sueños en Manuscritos (2013), Mi experiencia con los Yanomami  en Manuscritos (2016) y  Psicoterapia de orientación junguiana en Psimática (2017)

Mi formación

Me licencié en Filosofía y Ciencias de la Educación, sección Psicología, en el año 83. La verdad sea dicha: mi vocación de clínico se fue desarrollando con posterioridad al inicio de mi carrera universitaria a raíz de mi contacto con el pensamiento freudiano, pues en un principio me interesaba más la psicología social, y estuve a punto de dirigir mis estudios hacia la filosofía pura. Eran tiempos en los que el franquismo aún estaba próximo, y las convulsiones y movimientos que se dieron en la transición estaban muy presentes. Se clamaba por la apertura y expansión en todos los sentidos y la psicología no era menos. Empezábamos a escuchar hablar de Freud, Fromm, Marcuse y Reich, entre otros, recalcando las aportaciones de estos últimos a los movimientos políticos de izquierdas.

Pese a que la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia tenía como modelo único referencial la modificación de conducta, algunos profesores en sus temarios incluían algunos referentes a la historia del psicoanálisis. Esto me permitió hacer un trabajo sobre Freud para la asignatura impartida en primero de carrera, Psicología general: los actos fallidos y la interpretación de los sueños en la teoría de las pulsiones de Freud. Es a partir de este primer estudio cuando se empezaría a diseñar lo que sería mi futuro profesional como clínico, estando siempre ligado al psicoanálisis.

En mi proceso de formación distingo cuatro fases:

 1) Iniciación. En los años que cursé mi carrera universitaria y durante mis primeros años como profesional de la psicología realicé abundantes seminarios de corte psicoanalítico. Estuve varios años trabajando diversos textos freudianos con la supervisión de diferentes psicoanalistas, tanto lacanianos como miembros de la API (Asociación Psicoanalítica Internacional). Participe en la fundación de una de las primeras sociedades psicoanalíticas valencianas, la Escuela de estudios psicoanalíticos Oscar Masota, y me incluí en el grupo de trabajo sobre la psicosis. Al mismo tiempo empecé a interesarme por la técnica del análisis de carácter reichiana y realicé diferentes trabajos y experiencias donde la metodología psicocorporal  que Reich había elaborado se constituía como núcleo central del trabajo psicoterapéutico. Metodología, esta última, que a diferencia de mis primeras formaciones en las que lo fundamental era resignificar el material que iba emergiendo, se hacía un énfasis especial en el contacto y descarga emocional.

2) Asentamiento. En mi proceso de formación fue fundamental el análisis didáctico que llevé a cabo durante cinco años con la Dra. A. M. Lessens, neuropsiquiatra y analista, a principios de los 90. Esta profesional conjugaba su trabajo clínico en el psiquiátrico de Grenoble con su práctica privada. Aunque yo anteriormente había estado en análisis con otros psicoterapeutas, la síntesis que hacia esta clínica entre el planteamiento psicoanalítico (primeramente había sido psicoanalista freudiana) y el trabajo reichiano, (en ese momento era presidenta de la Sociedad Francesa de Análisis Reichiano) supuso una influencia fundamental en mi forma entender el proceso terapéutico. Tan importante era el encuadre analítico, con instrumentos como la interpretación, el análisis de la transferencia y la interpretación de los sueños, como el contacto con el cuerpo y la posibilidad de facilitar la abreacción emocional a través de diferentes ejercicios psicocorporales que aportaba la clínica reichiana. Los últimos años en los que viajé a este bello pueblo de los Alpes franceses la Dra. Lessens estuvo supervisando mi labor clínica, hecho que enriqueció de forma considerable mis conocimientos terapéuticos.

3) Profundización. Al mismo tiempo que viajaba a Grenoble empecé a familiarizarme con la literatura que hacía referencia a los estados no ordinarios de consciencia; entre mis lecturas habituales se encontraban los libros de C. Castaneda (a quien tuve el placer de conocer personalmente), S. Grof y K. Wilber. Fui miembro fundador de la Asociación Transpersonal Española y responsable de su sección clínica. Estos hechos se daban paralelamente con un conjunto de experiencias personales que viví conviviendo con nativos de diferentes culturas tribales, fundamentalmente en la amazonia Venezolana-Brasileña, como fueron los yanomami y los piaroa. Producto de estas experiencias, en las que he de resaltar el impacto que supuso en mí el contacto con las diferentes mitologías indígenas, empezó a generarse una idea más amplia de lo que había entendido por lo inconsciente hasta ese momento. El referente de la mitología como forma de amplificación del material que provenía de lo inconsciente, así como una forma de entender esta instancia de forma más amplia y rica que como lo había hecho el psicoanálisis freudiano y la terapéutica reichiana introdujo importantes cambios en mi forma de entender la psique. De aquí a las nociones junguianas de inconsciente colectivo y arquetipo había un paso. Durante ese tiempo y hasta su fallecimiento, en el año 2006, viajaba a Valencia dos veces al mes el Dr. J. Zabala, psiquiatra que había sido paciente y discípulo de M. L von Franz, siendo miembro del Instituto C. G. Jung de Zurich y de la Asociación Internacional de Psicología Analítica. Empecé un análisis con él que duró cerca de nueve años y un proceso de supervisión de unos cuatro. La profunda influencia que ha tenido el Dr. José Zabala sobre mi trabajo se expresa en la extrema importancia que desde mi labor clínica le doy a la interpretación de los sueños y a la imaginación activa, así como a la visión de un inconsciente que posee la capacidad de implantar en la consciencia múltiples semillas de creatividad. Aunque mi manera de entender el encuadre analítico fuera muy distinta al de mi analista he de reconocer que sin la experiencia analítica vivida con él mi idea de la psique sería mucho más superficial y reductiva. Más tardé retomé mi análisis personal con  el Dr.Theodor Abt, miembro fundador del Instituto de investigaciones y capacitación para la  Psicología Profunda, de acuerdo a C. G. Jung y M. L. von Franz, en Zúrich, por lo que empecé a viajar de forma regular a esta bella ciudad, situación que sigo manteniendo en la actualidad.

4) Integración. Después de más de casi treinta años de trabajo en el marco de la psicoterapia, cuatro de ellos en el terreno público, me defino como un analista profundamente integrativo, si bien es verdad que el marco que me brinda la Psicología Analítica posee la capacidad para convertirse en un modelo referencial de esta integración (diferenciando de forma clara este planteamiento de los eclecticismos). Tan importante para mí es que un analista tenga capacidad para hacer un buen diagnóstico diferencial y elaborar una estrategia terapéutica como estar abierto a lo que el inconsciente del analizado va marcando como objetivos básicos del proceso de elaboración. También me parece un buen complemento terapéutico la posibilidad de introducir el análisis en grupo, como forma de trabajar mediante la expresión psicocorporal algunos de los complejos y pautas interaccionales que emergen en la psique del analizado.

Desde mi punto de vista, los modelos terapéuticos solo pueden aspirar a ser referentes que nos permiten acercarnos, de forma muy humilde, a la complejidad de la psique. El pretender que un modelo “sea el bueno” es formar parte del fundamentalismo que con formas muy diversas baña nuestra realidad cotidiana de forma continua. En mi caso he de reconocer que soy deudor de diferentes modelos y formas de entender el proceso clínico y creo firmemente que los futuros desarrollos creativos en este campo pasa por la  integración de los diferentes enfoques.


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