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La creatividad de lo inconsciente

Dibujo portada

Autora: Mercedes Vandendorpe.

Imagen del relato lo solático y lo lunático, en El agujero y otros relatos de J. Castillo

La tradición psicoanalítica en sus orígenes ha vinculado la idea de lo inconsciente a la represión (Freud, S., 1972) y, si bien es cierto que con las diferentes teorías psicoanalíticas del déficit (Bowlby, M., 1964 y Winnicott, 1999) esta noción ha tenido que verse ampliada a conceptos como falla o carencia afectiva y con las contemporáneas teorías relacionales con los denominados estilos relacionales (Mitchell, S. A., 2015) o los principios organizacionales inconscientes (Stolorow, R. D., 1988), no por ello lo inconsciente ha dejado de estar imbuido de un cierto halo de suciedad, conflictividad y hasta malignidad.

Es con el surgimiento de la psicología analítica junguiana  (Jung, C. G., 2004 ,  von Franz, M. L. , 1975 y Jacobi, J., 2019) cuando la noción de lo inconsciente, con su vertiente arquetípica, adquiere un nuevo valor: su potencial creativo

Una mujer de 38 años en análisis me contó el siguiente sueño:

  Estoy en la calle, viendo escaparates en los que hay ropa de colores muy intensos y atractivos, y junto a mí para un coche grande y negro. Baja un hombre de traje negro y con una pistola me obliga a subir al coche. Me lleva a una frontera en la que hay guerra, destrucción y muerte. Me veo en una casa muy confortable y oigo la voz de mi abuela que me dice: “de esto también se aprende”

La soñante estaba viviendo un momento de agitación vital desde hacía semanas, después de que se enterará de la muerte de un amigo de su hijo. Sus comentarios al respecto habían estado dirigidos hacia el “fuerte mazazo” que había sentido recibir al percatarse de que la muerte no andaba muy lejos y, además el hecho de que hubiera tocado a un ser tan joven le provocaba aún mayor impresión. Esta mujer había vivido de espaldas a la muerte, nunca había visitado cementerios, ni tanatorios ni había participado en ceremoniales fúnebres.

Con respecto al sueño no hubo ningún tipo de asociaciones personales. Sin embargo, para el analista y conocedor del mito de Deméter y Perséfone sería difícil no ver el sueño como un mitologema, conectado con los sentidos que nos puede sugerir esta fábula.

El mito de Deméter y Perséfone

El mito nos cuenta lo siguiente:

La historia versa sobre el rapto de una feliz e ingenua joven, Perséfone, la Proserpina romana. Nuestra protagonista es hija del dios del Olimpo Zeus y de la diosa del trigo Deméter. Perséfone crecía entre ninfas y en compañía de las otras hijas de Zeus, Atenea y Ártemis. Aparentemente eran pocas sus preocupaciones; disfrutaba de la naturaleza en un estado de total inocencia. Pero la historia se complica cuando su tío Hades, dios del inframundo, se enamora de ella. Un día en que nuestra joven estaba revoloteando por una pradera, la de Enna en Sicilia, se quedó prendada de un narciso al que se acercó dispuesta a cortarlo; en ese momento se abrió la tierra y apareció Hades con su carroza, raptó a la doncella y se la llevo a los infiernos. Perséfone lanzo un grito y su madre Deméter la oyó, sintiéndose presa de una fuerte angustia. A partir de aquí, la Diosa Madre, empezaría la búsqueda de su hija a través de todo el mundo conocido. Al final supo a través de Helio que su hija estaba presa en los abismos. Las reticencias de Zeus a intervenir en contra de su hermano llevaron a Deméter a un exilio continuado, exilio que conllevó que la tierra se volviera estéril, y con ello se alteró el orden del mundo, por lo que Zeus ordenó a Hades que restituyese a Perséfone. Pero esto ya no era del todo posible, pues la hija de la diosa del trigo había roto su ayuno al haber comido un grano de granada en su estancia en el inframundo. Se tuvo, pues, que llegar a un acuerdo –dado en presencia de la Gran Madre Rea– que permitiera salir del paso de la situación: Perséfone dividiría cada año de su vida entre el inframundo y el mundo de su madre. Por eso, con el renacimiento del mundo natural la consorte del hermano de Zeus vuelve a la vida, para volver de nuevo al reino de las sombras a la hora de la siembra.

El mito, del cual podemos extraer diferentes sentidos, nos puede orientar en la interpretación de este sueño, en el que una joven, como Perséfone, es iniciada en la muerte, viviendo su proximidad y la conexión con la angustia, la depresión y la enfermedad que ello le procura. 

Lo inconsciente brinda la oportunidad a la ingenua soñante, que vive entre el colorido de las flores o escaparates, de construir un rito de paso con materiales sugeridos a partir de imágenes que pueden ser conectadas con un relato que nos habla de la necesidad de la iniciación a la muerte para poder vivir la vida con mayor profundidad y entereza. El Hades- gánster se convierte en el conductor del coche-carroza que nos conduce al inframundo, a la frontera de guerra y desolación. Y así como la Gran Madre Rea certificó el compromiso de vuelta a la vida, la abuela de la soñante, como Gran Madre, invita a la soñante a que aprenda de ello. Lo inconsciente guía a esta joven hacia la necesidad de acercarse a la muerte y, como dejo dicho Carlos Castaneda, “hacer de ella una consejera”

Nuestra cultura moderna ha perdido el sentido de los ritos de paso, convirtiendo lo que eran ceremonias cargadas de significado en simples actos sociales.  Lo inconsciente nos puede proporcionar, a través de la creatividad de sus imágenes, la capacidad de construir esos ritos, pudiendo dotar de sentido a las diferentes etapas de transición que configuraran nuestra vida.

Las imágenes como ideogramas

El psicoanalista W. R. Bion describió que para que la capacidad de mentalización se pueda desarrollar como tal en el ser humano es necesario realizar un proceso de conversión en el que las impresiones sensoriales y sus expresiones emocionales, elementos que denominó β (elementos en sí mismo), se puedan convertir en lo que denominó elementos α (representaciones que establecen relaciones y pueden ser trasmitidas mediante una narración) (Bion, W. R., 1994). Para que este proceso se pueda desarrollar es necesario no tener dañada la función α (capacidad de soñar) y poder interiorizar ideogramas, en forma de pictogramas principalmente. Por lo que podríamos argumentar que sin la función α no podríamos construir nuestro inconsciente, ni hablar de una frontera entre lo consciente y lo inconsciente.

De estas consideraciones teóricas extraigo la necesidad de recalcar la importancia de las imágenes oníricas en el proceso de “digestión” de ciertas experiencias emocionales y por lo tanto su papel fundamental en la capacidad de asimilar diferentes contenidos, posibilitando que el soñante aprenda de su propia experiencia. Así mismo, sin esta capacidad sería muy difícil poder hablar del desarrollo de la creatividad en el sujeto humano.

Soñar la sesión clínica

El trabajo en psicoterapia es de una importante complejidad, en él se dan la mano diferentes dimensiones y dependiendo de las necesidades de los analizados se priorizan unas u otras.

Con pacientes que tienen una estructura que les permite digerir la interpretación, ya sea porque el diagnóstico diferencial nos lo confirma o porque están en un momento de su proceso que ya les es posible asimilarla, se puede priorizar la dimensión topográfica: hacer consciente lo inconsciente.

Quiero ceñirme a una de las dimensiones de la interpretación, la que haría referencia a la revelación de la contratransferencia. Esta disclosure puede tener varios formatos: transmitir a nuestro analizado lo que estamos sintiendo; hacerle partícipe de nuestras asociaciones; y compartir con él una imagen que aparece en nuestra fantasía. Todas están intervenciones, sin duda, dirigidas a que nuestro analizado amplíe su consciencia pueden estar moduladas por mecanismos como el de la identificación proyectiva.

En las siguientes líneas que voy a escribir quiero hacerles participe de una herramienta que utilizo en alguna de las sesiones clínicas, inspirado en el garabato de Winnicott (Gasparino, A. y L. Paz, 2004), que pretende devolver al analizado un material en forma de imagen, que a mi entender favorecería su proceso de asimilación 

Cuando estoy trabajando en una sesión de psicoterapia y siento que es el momento oportuno para realizar una interpretación y no siento la forma apropiada de hacerlo garabateo con mi bolígrafo intentando seguir el ritmo vocal con el que se expresa mi analizado. Pasados unos segundos centro mi atención en los garabatos y veo si alguna figura emerge de ellos. Si puedo construir una imagen de cierta coherencia y siento que su significado puede ser una buena síntesis de los contenidos que estamos trabajando comunico la imagen a mi paciente y analizamos las asociaciones que van surgiendo de ello.

Juana es una mujer de cuarenta y pocos años que está saliendo de una depresión muy aguda. Aparecen contenidos en sus sueños que relacionamos con su capacidad creativa y que le ayudan de forma importante a tomar nuevas iniciativas en su vida. Aún existe en ella cierta tendencia a la regresión, cuando vive conflictos con su pareja o con algún otro familiar, que la coloca en una posición de pasividad (se queda inmóvil durante horas) y con un nivel de destructividad muy alto (piensa en la inutilidad de seguir viva).

En una de las sesiones, de mis garabatos surgió la siguiente figura:  

Creatividad inconsciente

Entre mis asociaciones surgió la imagen de la serpiente devorando el elefante, como la podemos encontrar en el cuento de El Principito de Saint-Exupéry. Mis asociaciones me llevaron a pensar en cómo los complejos de mi analizada la devoraban y la colocaban en una posición de extrema pasividad. Le trasmití la imagen a mi analizada, imagen que conectó de forma directa con su sentir y además recordó como hacía muy poco había estado hablando con su hijo de dicho cuento. 

Si bien es verdad que el contenido de sus complejos había sido ya interpretado en numerosas ocasiones, a través de la imagen de la serpiente devoradora mi paciente parecía asimilar de forma más directa sus contenidos. Quizá esa imagen, que sintetizaba un número de interpretaciones ya hechas, servía como un ideograma que podía ser integrado y que posteriormente podría ser olvidado. Mi actividad con el dibujo (estimulada por mi inconsciente) facilitaba que mi paciente pudiera “soñar la sesión clínica”.

Como nos señala A. Ferro (2007) la interpretación no debe ser decodificadora, sino relacionada con una narración mítica, que nos permite construir una escena o una película que da forma a cuanto se dice y además crea un vínculo cálido entre la mente del analista y eso que es interpretado. El paciente, a partir del texto evocado por la imagen, comienza a elaborar nuevos relatos que le permiten estar más en sintonía consigo mismo, pero que pueden ser percibidos más próximos a su punto de origen (arquetipo en Jung y O en Bion) 

Mi creatividad

A lo largo de mi carreara como escritor, tanto de ensayos como de relatos, he sentido la necesidad de ser acompañado por mi inconsciente, a través de imágenes y fantasías que han ido emergiendo cuando he estado inmerso en un proceso creativo. El ejemplo más vivo de ello ha sido mi último trabajo, “El agujero y otros relatos (Castillo, J., 2018). Los trece relatos que configuran este libro han estado inspirados por mi mundo onírico y mi trabajo con la imaginación activa. Esta actividad creativa ha supuesto un puente entre dos mundos; lo que entendemos por la realidad de nuestra consciencia y el alma de lo inconsciente.

Finalizando, quisiera recalcar la importancia del juego creativo, juego que es tan importante para nuestra práctica profesional como psicoterapeutas, como para el desarrollo de nuestra vocación creativa.

Bibliografía

Bion, W. R. (1994). Cogitaciones. Valencia: Promolibro.

Bowlby, M. (1964). Los cuidados maternos y la salud mental. Buenos Aires: Humanitas.

Castillo, J. (2018). El agujero y otros relatos. Madrid: Psimática.

Ferro, A. (2007). Implicaciones clínicas del pensamiento de Bion. En Soñar el análisis. Buenos Aires: Lumen.

Freud, S. (1972). La represión (Obras completas). Madrid: Biblioteca Nueva.

Gasparino, A. y L. Paz. (2004). El garabato de Winnicott en la pareja y el grupo. Madrid: Psimática.

Jacobi, J. (2019). Complejo, Arquetipo y Símbolo en la Psicología de C. G. Jung. Madrid: Sirena de los Vientos.

Jung, C. G. (2004). La dinámica de lo inconsciente (Obra completa, Vol. 8). Madrid: Trotta.

Mitchell, S. A. (2015). Influencia y autonomía en psicoanálisis. Madrid: Ágoral Relacional.

Stolorow, R. D. (1988). Intersubjectivity, Psychoanalytic Knowing and Reality. Cotemp. psychoanal., 24, 331-337.

Von Franz, M. L. (1975). C.G. Jung. Son myte en notre temps. París: Buchet Chastel.

Winnicott, D. W. (1999). Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona: Paidós.

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